Miércoles, once de la mañana y la maleta no cierra. Típico panorama de toda mujer que trata de realizar la operación matemática de dos pintas completas por día de viaje, cuyo resultado es adicionado en dos pintas más con la excusa del "porsiacaso", y una más de puro antojo. La diferencia, es que esta vez en una sola maleta, tenían que caber tres abrigos, botas, aditamentos de la belleza y demás. Finalmente lo logré. Es Pamplona. Y lo bueno apenas comienza.
A tiempo, llego para encaramarme casi de última en el tren que nos llevaría camino a Madrid. Muy diferente al Sabanero, que corre por extraños lugares de la capital colombiana, en un despliegue de color publicitario con marcas como Milo y Caldo Maggi y que solo es bueno verlo pasar cuando va paralelo a la ruta vehicular de uno. Niños uniformados de azul y diciendo "chao" con la mano y con la eterna sonrisa de la experiencia más excitante de la primaria, son reemplazados por europeo vario que mira mal, huele feo y tiene afán.
Tres horas de recorrido fueron suficientes para charlar, jugar trivia, dormir y leer. Mi conocimiento en historia española deja mucho que desear. Hace sol y algo de calor. El ruido y la multitud anuncian nuestra llegada a la capital. Hemos salido de una ciudad de 120 mil habitantes, para ingresar a una de 4 millones. Por fin, civilización, pienso para mí. La sensación de tren en movimiento no me deja sentirme tan a gusto. Salimos de la estación RENFE en Atocha y procedemos nuestra ruta. 20 gatos cruzan las calles a pie, jalando maleta, disfrazados de ejecutivos neoyorquinos, pero gozando del mejor clima que he sentido en muchos días. El hotel, apenas para estas bellezas muy bien arregladas, dispuesto por parejas, del mismo sexo como toca. Como la religión lo permite.
El itinerario, ya demarcado con varias semanas de anticipación, no dejaba más de 10 minutos para cambiar los jeans y los tenis, por el atuendo apropiado según el código de vestir. La ruta sería a pie y en metro, rumbo a la sede del Partido Popular, uno de los dos grandes partidos que se reparten el poder como en nuestra entrañable patria. El recibimiento, ameno, a cargo de dos grandes protagonistas de la estrategia política y comunicativa del partido y de su principal líder, Mariano Rajoy, precandidato presidencial para las elecciones del 2008. Una sala con capacidad para 25 personas es el escenario. El tema, nos interesaba de más a mí y a mis cuatro compañeros integrantes del grupo de estudio en el que debemos realizar como proyecto final, una estrategia de comunicación para el PP, enfocada a los jóvenes entre 17 y 21 años, primeros votantes. Jorge Rábago, quien es el director de comunicaciones del partido, fue el que le realizó la estrategia de campaña a nuestro queridísimo Álvaro Uribe en su primera temporada. Habló mucho de Colombia, y de otros países latinoamericanos como Venezuela, Perú y Guatemala, que al igual que en Colombia, tienen casos excepcionales de mala distribución del poder político, concentración de riqueza, corrupción y pobreza. Para este experto el panorama es claro. Después de un mini debate de tú a tú, aceptó cuánto ha cambiado nuestro Presidentico. Ese que fue hace seis años, ya no lo es hoy. Se ha dejado untar del bajo mundo de la política y sus ansias de poder pueden más, y peor, que su fachada de buenas intenciones.
En la noche, una cena-coloquio que se extiende hasta media noche y que no da opción ya a irse de marcha. Y ni que tuviéramos ganas. Bueno, ganas sí, fuerzas no. Un nuevo día se abre paso en este país ibérico y el panorama mejora una vez se verifica el buffet gratiniano del hotel. Como buena criolla en el extranjero, me he aprovisionado de cuanta proteína, carbohidrato y vitamina me ha cabido y rápido corro al encuentro con el grupo. La caminata al metro es la misma de la noche anterior. Las múltiples visitas del día transcurrieron una a una. Primero al Tribunal, cuyo edificio fuese un internado para señoritas. Ja!, me imaginaba yo "interna" en él, en pleno siglo XVII, rodeada de monjas en sus hábitos y por breves segundos, asumí que, lo más seguro, sería que me sacarían por la puerta de atrás con solicitud de deportación inmediata. Luego sería lugar de juicios y sentencias, de condenas a muerte que tan solo abolieron el siglo pasado. La guía, una mujer con aspecto algo varonil, aprovecha la ocasión para echar vainazos sobre los masones. Pobrecillos, si ellos no hacen nada más que ser selectos, pienso. Igual me divierte ver las caras del profesorado con cada comentario contra la religión u otras instituciones. Me tomo mi foto con el cuadro del Rey Juanca, con el jardín hermoso de tiempos coloniales, cuando todo tiempo pasado fue anterior, y salgo expulsada de ahí buscando la salida para continuar con mi peregrinación de entidades políticas españolas.
El turno ahora sería para el Instituto Cervantes, rico en el idioma cuantitativo, mas no cualitativo. Se dedican a regar institutos para enseñar el español por el mundo, pero curiosamente no tienen ni uno en Latinoamérica. El que nos recibió, un dolor de muela, no merece mayor mención. La salida, fúnebre, con una exposición de fotos a damnificados por las minas antipersona. La náusea y el malestar fueron imposibles de evitar. En la tarde, fuimos a almorzar a un restaurante maravilloso donde tenían croquetas de yuca. ¡Ah! Tubérculo engordador tan maravilloso. Tras una breve caminata de reconocimiento a la famosa Gran Vía, y una que otra comprita, salimos apurados al encuentro en el Partido Socialista Obrero Español, PSOE, quienes junto con el PP se reparten la gran torta ibérica. La indigestión que tras tres horas no cedía, me llevó a no escuchar nada que me dijeran.
Ya hasta la política se me somatiza en el cuerpo. La noche nos lleva a un nuevo coloquio, esta vez con el petardo más grande que pueda haber concebido el planeta tierra, después de Charlie Zaa, Luis Miguel, Juan Pablo Montoya, Poncho Rentería o la Negra Candela, quien, a propósito, hoy fue condenada a 17 meses de prisión por andar de voyerista con el agitado videito de la Lully Bosa con su entrenador de aeróbicos. El personaje, cuyo no mbre prefiero omitir, es el dueño de una publicación en Internet que hace permanente oposición a todo. La charla no hubiera pasado a mayores, a ser más que un opinadero de cafetería frente al Senado, si no es porque comienza a sustentar su tesis en el hecho de que España no debería mirar hacia los "tercermundistas esos de América Latina y Asia" tanto como a sus colegas del Primer Mundo, en Estados Unidos y demás países de Europa. Se fue contra los Vascos y contra los Catalanes por tener pensamientos separatistas. Todo, claro está, con discurso poco argumentado que no tenía nada de base. Esta belleza venecorrolatolimense se dispuso a preguntar: "Hola. Mi nombre es __ y vengo del Tercer Mundo. Quisiera saber para usted qué es la democracia". Esa sería apenas el comienzo de un debate en el que cada quien siguió presentándose a sí mismo como parte de uno de esos grupos a los que nuestro invitadísimo especialísimo se dedicó a despotricar. Lo positivo de tener gente que ostenta su brutalidad en reuniones públicas, es el debate que genera. Mentiras, esa fue solo la excusa para seguir la charla, ya con mi gente linda, mi gente bella, mi gente tercermundista, al calor de unas cañas.
Por fin viernes y ya casi nos libramos de los ojos perseguidores de los encargados de "cuidarnos". Este paseo me deja con la sensación de pertenecer a un colegio más que a una universidad. Para 19 estudiantes han dispuesto 4 personas del Máster que "velan" por nuestro comportamiento. Recuerdo que en la excursión de once, para 66, solo fueron dos. Apenitas para hacer lo que se debía: lo que se nos vino en gana. Llegamos al Congreso de los Diputados y las visitas ya comienzan a cansar. La visita, nada espectacular termina pronto y salimos apurados para esperar el bus que ha de llevarnos al Palacio de la Moncloa. Hemos llegado al centro del poder de todo proceso de toma de decisiones que se origina en este país de vinos, toros y tapas, y que pretende centralizar el sentir de una nación que a más de parlamento, tiene Corona (como la que sigo añorando) y más de 40 millones de personas reclamando muchas cosas que para nosotros están a otro nivel. La democracia no es para todos lo mismo. Y acá, a pesar de tener las necesidades básicas cubiertas, muchas personas carecen de muchas cosas de las que nosotros tenemos en exceso. No hablo de narcotráfico y guerrilla, ni de dirigentes con prontuario venidero. Hablo de amabilidad, de sencillez, de amor por lo que se hace, de la pasión de luchar hasta la muerte porque no hay otra forma de hacerlo. De la felicidad de ver a la familia, a los amigos, de compartir, de simplemente ser feliz con lo mínimo.
El fin de semana estuvo más que movido. Discotecas varias, buena marcha por Madrid. De día, caminando y conociendo, de noche, también. Nada fuera de lo común. El ojo tiene siempre buena entretención por estas tierras. Y en Madrid, ni se diga. Delicias caminan, vienen y van. La rumba es buena, tiene tandas de todo tipo. Me gusta escuchar a Shakira, a Juanes (nunca pensé decirlo), a FannyLu. Todo el mundo se sabe las canciones y se las gozan como las de los más grandes de acá. Me hace sentir orgullosa. Y claro, como en todos lados siempre pasa, los tíos no bailan muy bien ni son los más expertos. No importa, si están majos, se les perdona todo.
De vuelta a Pamplona tomo el tren de las ocho y sentada en mi silla de primera clase (no había más, me tocó. Obligada) abro el periódico y veo la foto de Ingrid Betancourt. Recuerdo cuando fue a mi universidad y hablé con ella, pocos días antes de su secuestro. Recuerdo su imagen en el Auditorio Lleras de los Andes para nada tiene que ver con la escuálida mujer que mira cabizbaja su terrible realidad en el medio de la selva. Vuelvo a pensar en mi país, en la Colombia que tanto nos duele y desde afuera, para los demás, solo es una selva llena de fuego y peligro, unas ciudades inseguras y lúgubres, una vida de locos. Y ahora, sentada en mi casa, al otro lado del charco me cuestiono si así será; si la veo bella porque la quiero, si el amor me vuelve ciega, si lo que viven mis hermanos me puede pasar a mí. Y me da miedo. Miedo de tener a los que más quiero allá y de no encontrar lo que en mi mente dejé. De ver la "realidad" de lo que no quiero ver.
ADENDA: Esta semana es una semana muy feliz pues solo tuvimos clase martes y miércoles y ahora, me encuentro en la vagancia total, con siete trabajos para entregar antes del 15 de diciembre, fecha para la cual, ya solo estaré pensando en mi encuentro con mis queridos amigos en Barcelona para la Navidad. Ya se incorporó una cuarta chica al piso, es de Veracruz, México. Estamos felices y programando pasar juntas todas las del piso el Año Nuevo en alguna ciudad de la frontera con Francia. Alguna o varias. Iré a Bilbao, Santander, San Sebastián e intermedias.
Los quiero, los extraño y siempre los llevo en mis oraciones,
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