La intención no era regañarlos. Mucho menos una rendición de cuentas dignas de un escándalo de parapolítica. Pero me encanta verificar que aún tengo autoridad en mi territorio, así sea embajadora en otras tierras más lejanas. Sea esta entonces, una oportunidad para brindarles mis sentimientos de gratitud y aprecio por todos sus mensajes tan bellos, sus minireportes de conyuges, hijos y familia en general, sus apreciaciones de trabajo y estudio. Me encanta saber de "mi gente". Ahora sí entremos en materia.
Esta fue una semana relativamente tranquila. Y lo digo, porque ni lunes ni martes me fui de cañas. El presupuesto que me había supuesto, era limitado. Por supuesto, no lo logré, pero al menos, hice mi mejor intento por no seguir derrochando los pesos de papi reconvertidos a euros en estas tierras. Las clases estuvieron mucho mejor que en otras semanas, y el trabajo más leve. Por fin pude levantarme varios días después de las 8 de la mañana y eso es todo un logro en esta tierra universitaria y estudiosa.
Curiosamente el clima bajó de seis grados a menos dos y el frío se entraba hasta en las partes más incógnitas del cuerpo. Como somos animales de costumbre, ya es una prueba más que superada. Nada que la camisa interior, camisa, chaleco, saco, chaqueta, guantes y bufanda no solucionen. Eso sí, para las de mi contextura, dijéramos, gruesita, no es nada favorable, pues hasta se siente uno más pesado para caminar. Y créanme, caminar en esta ciudad todos los días, media hora de ida y media de vuelta, no es tan grato, ni por la actividad misma, ni por las hojas otoñales que por más que barren, vuelven y caen, a más de la lluvia que alisa el piso y lo convierte en la trampa mortal pamplonesa.
Pero por otra parte, se siente bien hacer la actividad física y respirar aire puro con la tranquilidad de que nadie me va a rapar la cartera o los aretes, ni que ningún libidinoso me va a decir piropos con la palabra "gordita" en alguna de sus múltiples acepciones. El miércoles tuvimos una fiesta de "extranjeros" que se convirtió nada más y nada menos que en punto de encuentro de mexicanos y centroamericanos, pero cuyo panorama se quedó pintado en mi memoria por la gran cantidad de gringos y gringas (léanse los sobrinos del Tio Sam), cuyas contorsiones corporales me recordaron otros pasajes de mi vida en las tierras del norte. Aún no conozco colombianos en la academia.
El jueves tuve una gran conversación con un buen amigo gallego quien me convenció de hacerme a un mejor ambiente, en esto que escogí. Adaptarme de nuevo a ser estudiante, pero a mi modo de ver, como si estuviera en segundo de primaria, créanme, no ha sido nada fácil. Los protocolos, hablar de temas "permitidos", no mencionar temas controversiales, sentirse observado, que uno haga o diga algo y todos los profesores y directivos de la facultad lo sepan, me tenían más que "jarta". (No es que yo hiciera "algo", es en general) Ese "control" del que tanto he huido en mi vida, vuelve ahora, pero justo ahora, cuando ya me sentía liberada de muchas taras y prohibiciones.
Los años no llegan solos. Hay más libertades pero también, más responsabilidades. La excusa favorita de muchos es "pero tú sabías a dónde venías". La conclusión fue certera. Nada de lo que yo haga para imponer mis pensamientos o sentimientos va a hacer cambiar a una persona o institución que se ha comportado así desde siempre. Nada de lo que "sugiera" puede hacer cambiar algunos comportamientos y pensamientos para beneficio de las futuras generaciones. Sin embargo, tengo claro, que por estar acá, no voy a cambiar ni mis principios ni mis convicciones. Y como ya les contaba, de mi aprendizaje sobre la prudencia, he decidido llevar de la manera más tranquila y políticamente correcta, mis reclamaciones y opiniones. Todo hace parte de este viaje de conocimiento académico y reconocimiento personal. Y me siento feliz. Por fin encontré la tranquilidad que buscaba. Así, decidí aprovechar un examen oral con el director del Máster, de esos que tenía atrasados por mi llegada tarde, para decirle a manera de terapia personal, lo que no me había gustado hasta el momento. La nivelación temática ha terminado. Tras una conversación con algunos compañeros mientras cenábamos, descubrí que más de uno vive esta misma situación, inclusive los nativos, y así, pude encontrar apoyo y sentirme menos loca de lo habitual.
Así que, ahora tomo una nueva y mejorada actitud, y de paso, me río de lo que antes podría causarme un brote de vena en la sien que degeneraba en maraña mental. Muchos me felicitaron por haberle dicho al director lo que pensaba y también, por hacer oir mi voz en un escenario en el que muchos no la tienen, pues se afanan más por el qué dirán, que por hacerse oír. Como siento ahora, no soy capaz de vender mi esencia, mis principios y mis pensamientos. Solo de cambiarlos para mi propio bien.
Volviendo a temas más felices, planeo encontrarme para las celebraciones navideñas con mis entrañables amigos de años de pregrado y posteriores, en la bella ciudad de Barcelona. Esto, sin duda, me tiene saltando en una pata, pues aparte de estar loca por verlos, ellos me ayudarán también a recordarlos un poquito a cada uno de ustedes en la época de la tutaina. Planeamos estar algunos días juntos, para charlar y disfrutar como en los viejos tiempos que datan de los finales de la década del noventa, en la céntrica y añorada universidad. Qué buena era la libertad de expresión, qué buena la libertad de pensamiento y el libre desarrollo de la personalidad.
De golpe una mexicana que también estudia con nosotros, se pasa a vivir el mes entrante en nuestro piso, así que, como estaba previsto desde un inicio, la habitación de huéspedes ya tiene dueña y así, la cuota también nos bajará a todas las demás. Ella es muy buena onda y hemos conectado súper bien. Además, preferimos que la persona que viva con nosotros, sea conocida y tenga buenas mañas. (No papi, a esta no la voy a corromper como tú piensas que lo hago con las otras. De hecho, yo soy la más juiciosa. Acá, ni me reconocerías).
El sábado y el domingo estuvieron muy tranquilos. No salí, me dediqué a leer y a adelantar algunos trabajos pendientes para entregar en diciembre. El domingo en la noche nos fuimos al centro comercial más famoso de la zona y nos pasó la típica de turistas: después de media hora de esperar el bus apropiado y luego de transportarnos en él por media hora más, llegamos y todos los almacenes estaban cerrados. Así que no habiendo más, procedimos a entrar a cine. Dato curioso: absolutamente todas las películas están traducidas al español, con acento español, y lo que pudo haber sido un drama, en Corderos para Leones (Lambs for Lions), fue motivo de risa en varias oportunidades, dadas las traducciones que incluían palabras como coña, chusma, ostias, gilipollas y demás españoladas.
Esta semana pinta interesante. Entramos ya en fase de diseño de estrategias de comunicación para instituciones políticas, discursos, manejo de crisis, así como en el manejo de los nuevos medios. Volvemos a tener clase con uno de los más duros en estadísticas en Alemania y tenemos dos charlas con dos importantes directores de empresas multinacionales. Para qué, pero estoy en mi salsa. Espero no haber estado un poco mamerta con este tema del choque cultural-académico, pero como todo entre en el viaje, también quiero que sepan la realidad de las cosas por estas latitudes. Estoy bien, tranquila y feliz. La crisis existencial ha cedido para abrirle paso a la nueva yo. Los extraño, y como siempre, los pienso y los llevo en mi mango. Espero fotos, informes detallados, videos y demás evidencias literarias y gráficas de todo tipo de evento que me pudiera haber perdido en esta ausencia momentánea.
Besos,
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