martes, 12 de octubre de 2010

L: LATINIDAD

Qué mejor crónica de recolonización para festejar un día como hoy que la número 50. Esa “L” romana que curiosamente es el comienzo de la palabra “latinidad” y que me recuerda con cierto dejo existencialista todo lo que nos ha traído hasta aquí. Y no hablo de mi incursión a tierras españolas, pues ya este viernes cumpliré oficialmente tres años, sino de esas costumbres que compartimos y de esas tantas otras que nos hacen diferentes -y a la vez, iguales, humanos- desde hace más de 500 años.

Un día como hoy, en el año 1492, los “regios” ocupantes de las Carabelas divisaron tierras americanas. De ahí que sea la fecha escogida para que en Latinoamérica celebremos el Día de la Raza, mientras que en España se celebra el Día de la Hispanidad -e inclusive, el Día del Pilar-.

De pequeña, veía el “día de la raza” como sinónimo de obra de teatro colegial cutre en la que se representaba algún hito histórico de la conquista, se leía alguna “composición” escrita por alguna destacada alumna y cómo no, se izaba bandera. En Colombia se “iza” bandera, entre otras connotaciones, cuando se sobresale en un salón de clases por el motivo que sea elegido para la ocasión. Yo que era un dechado de virtudes, no dejé de “izar bandera” ningún año, aunque no me lo crean. El ritual de las “izadas” era muy básico: Himno Nacional, Himno de Bogotá, Himno del Colegio, Juramento a la Bandera, Palabras de la Rectora y justo ahí, comenzaban las tres o cuatro actividades lúdicas preparadas por el curso al que le correspondía.

Para estas fechas siempre era imperativo mostrar cómo nos “usurparon” nuestros grandes tesoros a cambio de la divina herencia de la religión católica; nuestros muchas reservas alimenticias, a cambio de una nueva lengua. El matiz estaba sentado por el hecho de que la rectora fuera española o colombiana, pues bien se sabe que dicha retahíla de robos e intercambios culturales, al final, no lleva a ningún lado. Ni a conmemorar nada. Acá estamos y esto es lo que somos. Y después de tanto tiempo ¿vale la pena seguir discutiendo por un asunto que no tiene solución?

Total, al sol de hoy, continuamos manteniendo –al menos yo- algunas gratas prácticas indígenas: el gusto por el arroz y el maíz, por la papa y la yuca; contarnos los sueños e interpretarlos, adorar a más de un dios e inclusive, aunque no muchos lo hagan, nuestra especial conexión con la naturaleza – a lo Avatar-. Por otro parte, nos adaptamos a las nuevas costumbres adquiridas como la lengua –que pronunciamos diferente aunque tenemos un rico vocabulario-, alguito de la religión institucional y cómo no, mucho de los comportamientos sociales, políticos y culturales.

Desde la latinidad, y cuando uno cree que ya tiene aprehendida esta españolidad adquirida por voluntad propia, se da cuenta de que lo heredado no se hurta y que mal que bien, el bagaje cultural de una infancia, una adolescencia y algo de adultez en el terruño, deja sus más grandes marcas en comportamientos, pensamientos y actitudes propias de donde se ha crecido. A veces pienso si algún día me terminaré de adaptar del todo a esta cultura –y conste que no lo he hecho mal hasta ahora-, pero presiento con mi malicia indígena que mi esencia, pese al tiempo que pase, continuará siendo la misma. Y eso no me hace mejor ni peor, solo, diferente. Y qué gustillo le encuentro a la diferencia cuando me mentalizo de sus ventajas y no de lo que conlleva, a más de 8 mil kilómetros de casa.

Este fin de semana han confluido varias historias que de una u otra manera me han hecho pensar en la latinidad, en la recolonización, en la diferencia, en la intolerancia: el blog de mi amigo Andrés, la reciente visita de Héctor Abad a Casa de América, las imágenes en el telediario del “austero” desfile militar con los típicos abucheos al Presidente Zapatero, pasando por los comentarios amarillistas del modelito que se ha puesto Letizia y los comentarios sobre las declaraciones de la oposición; las fiestas en Zaragoza, tierra cuya patrona es Nuestra Señora del Pilar y donde se conjugan borrachos y feligreses en una celebración que este año, incluyó un puente de cuatro días. También las noticias, los artículos que no me leí el fin de semana –que ya adelanté- y cómo no, mis medios días con “Julito” al aire, en ese programa radial en el que cada vez más participan colombianos en el exterior, y a través de los cuales, confirmo que mi situación es más común de lo que pensaba.

Durante el 2010, nueve países celebran su bicentenario: Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Bolivia y México. 200 años de independencia. ¿Independencia de qué? Aun seguimos condenados a rogar por visados que nos permitan transitar por el mundo; a ser relegados a ocupar las últimas posiciones en los rankings de riqueza y los primeros en delincuencia, pobreza y violencia, y así, condenados a medirnos, a compararnos con lo que no somos. Somos presa de nuestra idiosincrasia revuelta que no nos permite mostrar lo mejor de nuestro multiculturalismo y de nuestra herencia, de resaltar la diferencia como una bondad, no como una ruina.

No lo hago con el día internacional de la mujer, y no lo hago con este día de la raza. No lo celebro. Aunque sí celebro formar parte de dos mundos que me llenan de felicidad y me complementan a su manera. Lo celebro todos los días, porque soy cada vez más consciente de lo que tenemos y de lo que dejamos atrás por buscar un cambio que parece escribirse en renglones torcidos, pero que al final, también lleva hacia la felicidad si se recorre con fuerza, perseverancia y amor.



Madrid, 12 de octubre de 2010

5 comentarios:

Humberto Tello Durán dijo...

Esto de escribir para todo el mundo, llena tu acostumbrada desfachatez de mucho formalismo, espero que lo de hoy sea la simple gala que amerita la ceremonia y no que España ( o el ascenso a bloggera) te hayan colonizado.

Redu-Fa-Fa dijo...

Creo que, solo por esta vez, le echaré la culpa a los males estomacales del fin de semana, que me ponen espesa! Prometo que la próxima será una de las "desfachateces" que tanto te gustan. Te quiero!

Andrés Felipe Giraldo L. dijo...

Marce, tienes una pluma amena y clara, de fácil lectura y mucha profundidad. Comparto tus pensamientos y me voy involucrando poco a poco en tu escuela del exilio. Qué bueno saber que más allá de lo que nos permiten tres renglones en un messenger, encontramos esta identidad tan grata acá. Un abrazo y gracias de nuevo por compartirme tu blog. Es maravilloso conocer a la protagonista porque puedo ir un pco más allá de tus letras. Un abrazo gigante.

Redu-Fa-Fa dijo...

¿Será que algún día me graduaré de esta "escuela del exilio" que mencionas?
Me alegra tener muchos espacios para compartir de charco a charco. Un abrazote y gracias por tus palabras!

Anónimo dijo...

Como siempre luciéndote con tus crónicas. Se te nota sentimental....será que ya te colonizaron? Besos