lunes, 12 de noviembre de 2007

IV: Colombian Coffee

Domingo en la tarde y por fin he podido prepararme un café, en mi cocina, en mi casa y con mi cafetera. Adaptarse no ha sido fácil, pero si uno viaja ligero de equipaje, como alguien me lo dijo una vez, es aún más fácil acostumbrarse a lo que se tiene y no a lo que se dejó atrás.

Primera reacción del día, llamar a mis papás. Para qué, pero por más que los extraño montones todos los días, hoy me dio muy duro estar sin ellos. Una de mis roomies, la mexicana, perdió a su padre hace poco con un cáncer de páncreas, y luego de escuchar su historia, me sentí afortunada por tenerlos a ellos, conmigo y apoyándome en todo lo que se me ocurre.

Pensé en mis amigos, en la gente maravillosa que me rodea y con el ojo encharcado, decidí mejor tender la camita y lavar la ropita. Ocupar la mente es un poco más fácil si la otra opción es sentir "saudades" de todos ustedes. Pero bueno, dejemos las reflexiones sentimentales y entremos en materia.

Esta fue una muy buena semana. En la uni, tuve mi primera exposición y nos salió muy bien. He podido adelantar varias materias y ya estoy a tono con mi grupo de trabajo. Me han aceptado muy bien, pero definitivamente es más fácil cuando uno ya ha trabajado y ya tiene otra visión de la vida. Por si no lo saben, junto con el de Panamá, somos los más viejos del grupo. Las edades promedio están entre los 21 y 26 años, así que, por primera vez en mi vida, soy de las viejas y no de las jóvenes. Bien me lo dice mi papilo, el tiempo pasa y hay que reevaluar.

Y a eso me dedico últimamente. Me cuido más, como mejor, camino más de una hora al día, aprendo todo y de todos (también me tomo el vino y la cerveza diaria, no me como el banano, pero sí me tomo las vitaminas con juicio, río todo el día y me lavo los dientes después de cada comida). No, no consigo marido, pero siento que este viaje más que mi último chance de casarme antes de los treinta, como más de uno me lo dijo o lo pensó, me está ayudando en mi crecimiento personal. Siento que cada día soy mejor persona. Y eso, se siente muy bien.

La semana transcurrió con eventos relacionados con la mudanza. Haber encontrado un buen espacio para vivir y por tan poco tiempo, es más que una bendición. Claro está, las maletas las vine a desempacar apenas el viernes. Todas las mañanas teníamos reunión de grupo, pues nuestro cliente, a quien debemos entregarle todo un proyecto final, es el PP (y no lo piensen en inglés porque ya nos hemos reído de eso), el Partido Popular. Todas las materias y módulos que vemos tienen trabajos en grupo, trabajos individuales y todos, necesariamente, se tienen que enfocar en este proyecto. Entre el trabajo de la mañana y las clases hasta las ocho y media de la noche, y claro está, las cañas hasta las once, no hay mucho tiempo libre. Esta semana ya planeo organizarme mejor, pero sí tengo claro que aparte de estudiar, que es mi prioridad, también vengo a conocer.

El viernes tuvimos nuestra fiesta de inauguración del piso, y como era apenas obvio, la colonia latina superó a la local y la pasamos "re-guay". El sábado muy a medio día nos llamó el dueño de piso y tras el susto que nos metimos, descubrimos que solo era para saber qué tal estábamos. Todo el día en "la gueva" por culpa de la "cruda" (en la mala del guayabo) como dicen mis compañeras de piso y en la noche, cero salidas porque el cuerpo no daba para más. Solo salimos al Carrefour a hacer mercado y les quiero informar que en esta ciudad, dicho mercado es una quinta parte de cualquiera de los de Bogotá, pero se consigue de todo.

Como todo primer mercado en ciudad ajena, creo haber demorado más leyendo etiquetas que comiéndome la mitad en la primera sentada. Hay cosas muy ricas, hay jamones y quesos que rara vez se ven en la tierra del ajiaco y la bandejita paisa (mmm, me antojé), antipastos y productos para tapas, bebidas, frutas y verduras. Como yo soy "avispada", ya leo de corrido y todo, me llevé una maleta de rueditas para traer el mercadito, pues siempre queda alejado y bolsa por bolsa en un bus, no es muy divertido. Estoy feliz con las compras, pero preferiría más Zara y menos Carrefour.

Como en casa. El frío va bien. Es como estar en Bogotá cuando hace mucho mucho frío. Como salir empelota a las tres de la mañana, la misma sensación, pero con ropa (me lo imagino, nunca lo he ho). Dicen que para diciembre hará más frío, así que, por consejo de los nativos, no me abrigo demasiado, porque después, no habrá nada con lo que realmente me sienta sin frío. Es una buena lógica. Y tranquilitos, de todo el grupo, soy la única a quien la gripa no le ha mandado al sobre. (Recuerden: tomo mis vitaminas).

Esta semana ya será de más juicio, comenzando por la fiesta sorpresa a la que me voy ya, domingo diez de la noche. Tenemos mucho trabajo, yo tengo dos exámenes de los retrasados, más otras cosas que ni les digo. Estoy feliz, en todo caso, aprendiendo mucho y con una formación bien gerencial. Son las 10 de la noche, y aún con un cunchito de mi super taza de café, los recuerdo y les escribo. Eso sí, en Word, mientras mañana llego a enviar este mensaje a la uni. Aún no hemos contratado Internet, pero eso no es impedimento para recordarlos y contarles de mi, de mi vida en Pamplona y que sepan que los quiero y que doy gracias a Dios todas mis noches por haberlos puesto en mi camino. El dato curioso el día, es que hoy cambia la hora: una hora antes.

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