domingo, 18 de noviembre de 2007

VI: EL OTOÑO EN PAMPLONA

Las hojas verdes, naranja, rojas y amarillas, secas y de todos los tamaños cubren por estos días todas las calles de Pamplona. Ha llegado el otoño y con él, un frío que carcome hasta al más preparado. Esto, en mi caso, no ha sido más que la mejor de las excusas para irme de shopping el fin de semana, y llenar mi pequeño armario de sacos, bufandas, guantes y chaquetas. Digo pequeño, porque en Bogotá cuento con la fortuna de tener 4 armarios para mis "lujos", sumado a uno en el vestier de mi papá con ropa de gala y uno en el cuarto de mi hermano, con la ropa de verano y otras cosillas, que como todas las mujeres pensamos, seguramente se volverán a usar.

La gente se viste muy bien. Esto, sin pretender ser crítica de moda, obliga a estar a la altura, pues esta cara de chibcha que me traigo, sumado a mi contextura que me impide negar los orígenes pijaos, no pueden pasar desapercibidas entre las bellezas nativas. Como dice nuestra gran representante en el ámbito internacional, "mis caderas no mienten", y a pesar de ello, trato de cuidarme un poco para no subir de peso, pues de otra forma, parte del proceso de recolonización, no sería completado, sino, rellenado y engordado para diciembre, cual lechón tolimense.

Esta semana estuve pensando mucho en el seudodesarrollo de nuestros países. Lationoamérica está a años luz de este continente y la calidad de vida, con todo y su alto costo, es mucho mejor. La gente no trabaja los fines de semana, las jornadas laborales arrancan por temprano a las nueve de la mañana y a las cinco no se consigue ninguna oficina abierta. Eso sí, cual funcionario público criollo, dos que tres horitas de almuerzo en la mitad con la consabida siesta. La gente camina tranquila a las cuatro de la mañana, el peatón siempre tiene la prelación, se puede "estilar" una cadenita en el cuello sin temor a terminar con el bajo cuello engangrenado motivo infección por uña de choro y como es debido, siempre hay vino o cerveza por dosis diarias reglamentarias.

Todo este orden a veces me desordena hasta a mi misma. Acostumbrarse a otros estándares de comportamiento es complicado, pero parece funcionar. No niego que muchas veces quisiera botarme a la mitad de la calle y no caminar una cuadra completa en busca de la cebra o también, agarrar el bus en cualquier esquina y no según el debido paradero. Cosas que parecen tan simples, pero que aún no somos capaces de seguir, pues allí "siempre ha sido así".

En clase pensaba cómo la aparición de nuevos medios electrónicos como los blogs, el facebook, inclusive el Messenger, algo más vetusto, no está colaborando en nuestro proceso para convertirnos en mejores ciudadanos y en mejores personas. Solo ayudan al desmadre, a la grosería y claro, a la imprudencia (¿si ven que sí aprendí de eso?) y el anonimato.

Bueno, dejando las reflexiones mediáticas de lado, vuelvo al frío de la ciudad que no me abriga. Y no me abriga no porque no me acoge sino porque por más que me tapo, siempre hay un espacio por donde entra el frío. A que todos pensaron en la misma parte tan útil y tan mencionada. Los vendavales levantan las hojas del piso, haciendo remolinos y de noche, el viento suena contra las ventanas, con el sonido de fondo de películas de terror de los setentas y el eco de los fantasmas de mi cabeza. Como dato curioso, anexo e inútil, el día que más temprano me he acostado es a las tres de la mañana. Y ya quisiera que fueran motivo del cañeo y del tapeo, como en semanas anteriores (Mentiras papito).

No, ha sido la cruel responsabilidad de esta madurez impuesta a esta tierna edad, que me obliga a realizar labores educativas que más que nuevas, son recuerdo de conocimientos de otrora. Hoy me entregaron la programación de nuestro futuro viaje a Madrid, que será a fin de mes, con el fin de adelantar varias visitas a entidades públicas y a empresas de comunicaciones, estrategia, marketing y demás asuntillos relacionados con lo que estudio. La jornada está bien apretada, pero muero por verme con la escuelita del Chavo del 8 andando en el metro, disfrazados de ejecutivos y con la cara de trasnocho producto de las noches de marcha madrileñas. El viaje es del 28 al 30, pero como ese fin de semana es festivo, estaremos de vuelta el lunes siguiente. Las noches de marcha en Pamplona son bastante parecidas a otras ya narradas y por demás, lo único interesante del fin de semana estuvo concentrado en ver al futbolista español Raúl, rumbiando a nuestro lado.

Obvio, para ese momento y todavía aún, no soy consciente de su importancia en el mercado futbolístico, pero a juzgar por el alboroto, debe ser algo así como lo que siente la incauta audiencia al ver a Gali Galiano en vivo y en directo, en las grabaciones del Show de las Estrellas en Caparrapí. Como cada vez veo menos respuestas y comentarios a mis crónicas viajeras, o bien me dispondré a acumularlas y luego venderlas por E-Bay en subasta de dos personas (mi mamá y algún ex que conserva la traga), o bien las enviaré solo a quienes acusen su recibo. Para mi es muy importante continuar en sus vidas, mientras se enteran de la mía. Espero generar una dinámica de información recíproca que desde las lejanías siempre se agradece con una gran sonrisa y un buen sentimiento en el corazón. …(como dicen las propagandas radiales del Circo Hermanos Gasca, después no diga que no le avisaron). Desde este frío otoñal, que tiende a empeorar y amenaza con dejarme las patas de garza a punta de eliminar mis calorías en patoneadas interminables y congelables, así como dejarme con el culito más parado que el de Amparito (Grisales, por supuesto, Peláez ni de riesgo) los recuerdo y espero pronto recibir noticias suyas….

Los quiero.

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