LA EMPRESA, BYE BYE
¿Recordáis, hace un año, aquella tarde de integración en Cuatro Vientos? ¿Recordáis los juegos, las risas, los discursos, los juegos, las competencias, las charlas, la paellita y a vuestros compañeros de mesa a la hora de comer? Parece que fue ayer, ¡a que sí!
Allí, en ese contexto comenzó mi andadura por "la empresa!. Apenas llevaba unos cuantos días de iniciación en el arte de comunicar desde el comando central azulado, en una dirección que se reinventa, crece y se hace con el arduo trabajo del día a día. Así lo había decidido mi querido jefe tras una entrevista que entre tantos candidatos, me concedería el acceso a la deseada plaza, y que extendería así mi estadía en la querida Madre Patria. Jefecito, no es por nada, pero escogiste muy bien ;)
Hace un año, justo, escribía la crónica número XXI de mi viaje por estas tierras. Intentaba explicarle a mi gente en Colombia y en el mundo, el gran impacto que había causado en mí el tener que dejar una empresa como Ecomoda, allí en el norte, para abrirme paso en la dura y llamativa capital española. El reto era enrome, pero las ganas de bebérmelo a sorbos y sin respiros eran muchas más.
Un domingo, el 21 de septiembre de 2008, llegué a Madrid. Había empacado mis pocas pertenencias en un coche alquilado y me había lanzado a la aventura, así, sin más, por toda la A6 camino al sur. Seis horas de volante y pedal bastaron para llegar a una ciudad que desde el primer momento sentí mía. A las pocas horas ya había conseguido un piso por Avenida de América y había hecho contacto con algunos amigos de otras guerras, que me podían ayudar a ubicarme mejor.
Tras una noche de poco sueño, "la empresa" entró a mi currículum para quedarse por siempre en mi corazón. Creo que fue amor a primera vista. Amor por un trabajo que significaba complicados retos y grandes satisfacciones. Amor por hacer lo que me gusta, por descubrir, por aprender. Amor por darlo todo y recibir mucho más. Amor por el día a día que me regalaron grandes personas que me dejaron compartir ese poquito de mí, de mi vida, de mi país, de mi esencia, con un rápido café a mitad de mañana, un disimulado cotilleo de pasillo o una comida servida en bandeja marrón y al son de gritos que ofrece filetes al por mayor.
Amor por mis chicas, las de mi isla, que se encargaron de ser madres, hermanas, tías, amigas y cómplices en los mejores y peores momentos de mi estadía. Porque siempre estuvieron ahí, para un fuerte abrazo, para elevar mi ánimo, para celebrar mis ocurrencias o simplemente para recordarme los efectos de mis excesos estivales en la vida de Erasmus que mi condición de becaria me permitía.
Hoy recuerdo ese día que allí en Cuatro Vientos os tomaba fotografías que inmortalizaron por siempre aquella tarde septembrina. Recuerdo verlos uno a uno y la primera impresión que me causaron, recuerdo esas sonrisas que me daban la bienvenida porque ahora formaba parte de vuestro equipo, a pesar de que eso significara perder a otra gran persona. Recuerdo verles la cara de extrañeza al no entender mis expresiones, mis constantes anglicismos y mis difíciles aseveraciones. Más que un problema, siempre sentí la diferencia de nuestras costumbres y culturas como una condición para intercambiar, para crear, para aprender. Y así fue.
Hoy no me queda más que agradeceros por todo lo que habéis hecho por mí. Por haberme regalado un año maravilloso y hacer de ésta, una de las mejores experiencias de mi vida. Cierro una etapa grandiosa y aunque me duele dejarla atrás, a la vez me siento feliz y complacida por haber compartido, por haberos conocido. Por lo pronto, armada de un par de maletas, mi ruta por este mundo desconocido seguirá sin destino fijo, pero con la certeza de que todo cambio, toda revolución, siempre trae grandes cosas. No le temo a un futuro que se sabe bueno desde ya, porque es el que vosotros mismos me habéis ayudado a construir. Sé que soy una de las tantas personas que han venido y se han ido de "la empresa", dejando la estela de un recuerdo, un momento que viene a vuestras mentes como en álbum de fotos. Y aunque ya no os dé más la lata con las fotos en cada reunión, sí que me llevo grandes instantáneas en mi mente y en mi corazón que espero no olvidar jamás en la papelera de reciclaje de mi alocada cabeza.
A vosotros y vosotras, muchas gracias. Marcharé con una lágrima a ras de ojo, pero sonreiré siempre que os recuerde. Solo así, vuestra ausencia será menos difícil, menos dolorosa para este corazón que nunca se acostumbrará a decir ADIÓS.
Madrid, 25 de septiembre de 2009
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