viernes, 9 de octubre de 2009

XXXIV: SÍ QUIERO

SI QUIERO
Mariajo y Manu dijeron SÍ en Alacant




Dos palabras fáciles de pronunciar, dos palabras con gran fuerza, dos palabras que afirman una sola voluntad: SÍ QUIERO. Y es que querer es poder, díganmelo a mí, que he decidido quedarme por una temporada más en la España Cañí que me hospeda desde hace ya dos años, gracias a una oferta para trabajar como freelance en una agencia consultora de comunicaciones. ¿Quedarme?, claro que sí, sí quiero.

He pasado por una semana de locos: entregar el cargo en "la empresa", formar al reemplazo, despedidas varias, organizar mudanza y los preparativos para mi viaje a Alicante –para asistir a la boda de María José y Manuel-, y para mi supuesto regreso a la patria.

Poco a poco he ido organizando un problema a la vez y he intentado descifrar qué quería para mí. Y sí, esto es lo que quiero: quedarme. Así las cosas, viajé a Alicante con la sonrisa de lado a lado y la emoción y los nervios de contárselo a todos una vez tomara esa decisión tan anhelada, tan anunciada.

***

Alacant, la segunda ciudad en importancia de la Comunidad Valenciana fue el escenario de uno de los fines de semana más felices de mi vida. De la mía y de tantos que tuvimos la oportunidad de ser partícipes del amor de María José y Manuel dándose mutuamente el “SÍ QUIERO”. Un si quiero de esos del alma, un “si quiero” de corazón, con ganas. Un “si quiero” que provoca querer enamorarse, un “si quiero” que llena de esperanzas.

Allí, la Ermita en Campello, una población vecina, con la pierna temblorosa, barriga dentro y derechita de espalda, camino por ese delgado pasillo de 8 metros que separa la puerta del altar donde todo ocurrirá. Llevo de mi brazo a Manu, amigo entrañable que conocí hace más de una década dando mis primeros pinitos como estudiante de Ciencia Política y del que desde entonces no me he separado jamás. Me siento afortunada de llevarle yo al Altar y pienso en quien también lo hizo desde el cielo. Lo dejo en su puesto y paso al mío, tal y como lo habíamos ensayado el día anterior. La emoción se me confunde con la felicidad y el dolor de que algunos no estuvieran allí. Creo que voy a llorar, pero la vanidad me puede y logro contenerme.

Suena la melodía de entrada de la novia y pocos segundos después, aparece Mariajo, con esa sonrisa generosa y con los ojos brillando de emoción. Viene del brazo de su padre, quien sería también su padrino, como es costumbre en España. La entrega en las manos de Manuel y todo comienza. El padre Ginés, muy carismático, logra envolvernos en una gran atmósfera de amor y paz. Las lecturas se reparten entre los miembros de una y otra familia. A mi me corresponde la bendición de las arras y dejar mi autógrafo en el acta. Fotos familiares y una salida muy especial, bañados en pétalos de coloridas rosas en medio de sonrisas y vivas para los novios.

Partimos al lugar donde celebraríamos el enlace matrimonial, en el Monte Benacantil, con las mejores vistas de la ciudad y con el sol cayendo delante de todos los que allí departíamos tan grato momento. Unas copas y unas tapitas en la terraza, con este climita que nos recuerda un verano que se va y un invierno que llega, no muy caliente, no muy frío. Simplemente perfecto.

Una cena maravillosa, en la grata compañía de viejos amigos de Bogotá que vinieron para acompañar a los novios; unas copas hasta reventar en esa barra libre que no tenía fin; un baile tras otro dejando los zapatos en el olvido de una silla cualquiera, … en fin, ¡una fiesta inolvidable!

***


Como hemos acordado previamente con Los Novios, recibiré a la primogénita que se llamará como yo, como prenda a mis múltiples servicios durante la boda, que incluían la atención personalizada de los arrebatos de mal humor del nervioso novio ;) con la mejor terapia hasta ahora conocida, llamada “ignorar”. Claro, como era de esperarse, parece que el “acuerdo” es solo unilateral. Pero no importa, me hicieron feliz, me hicieron vibrar y ya de lejos, me doy más que por bien servida. (Además, aún tengo tiempo para convencerles)

Un fin de semana lleno de encantos, recibiendo toda la fuerza de ese sol mediterráneo que se funde con un inmenso y tranquilo mar azul, azul, azul. Compañía inigualable, charlas aún sin terminar y comida hasta reventar. Una decisión que tomar, una llamada que realizar. Las cosas no han sido fáciles, pero cada vez le tomo más el gusto a tener que enfrentarme a un reto a la vez, a cada día según su amanecer.

Al parecer, toda la filosofía que se necesita para vivir sanamente se encuentra en las mejores salsas, merengues y vallenatos de toda la vida, v.g., “todo lo que sube tiene que caer” (Gilberto Santarrosa), “cuando el amor se daña es mejor cambiarlo en vez de repararlo” (Rikarena), “entre el cielo, y la tierra, no existe un lado oculto y todo se llega a saber” (Los Embajadores Vallenatos), entre otros. La mía, en este caso y como era de esperarse, es “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida” (Rubén Blades).

Heme aquí, sin piso, sin plata, sin más que mucho trabajo por delante y mis ganas de continuar, esas mismas que me han acompañado siempre, desde el primer instante en mi travesía por estos lares. Aparentemente, los milagros sí existen, así que la invitación no es otra que la de conservar en mente un simple, consciente y tranquilo SÍ QUIERO, ese que con fortuna siempre nos demostrará que SÍ SE PUEDE.


Madrid, 5 de octubre de 2009


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