sábado, 5 de junio de 2010

XLII: CLOSE TO HOME

Desde el último piso de la Avenida Reina Victoria escucho el cielo que no para de sonar gracias a eso que los científicos han definido como ciclogénesis explosiva. A mí eso me suena a película gringa o a invento de laboratorio nórdico. Veo la tele que solo anuncia desastres, como el terremoto en Chile, y que nos recuerda, respirándonos en la oreja, que la vulnerabilidad también es democrática. Tanto como el esperado fallo de la Corte Constitucional que ha dejado sin piso la falacia de una segunda reelección presidencial. Es sábado en la noche y estoy en casa. Más por deber que por voluntad. He sido víctima de una gastroenteritis que sin piedad, me ha rezagado a permanecer en condición de bulto del sofá a la cama y viceversa, mientras solo tomo caldos y bebidas rehidratantes, y me sudo los calores producto de los 40 grados que marca este termómetro de galio.

Así que, advierto desde ya, puede que estas letras no sean más que el mero resultado de la falta de sales y minerales, entre otras tantas cosas que he perdido por estos días. Pero mi resoplada barriga, envidia de cualquier timbalero, no me ha dejado lo suficientemente convaleciente como para no daros las buenas nuevas de la temporada. Una vez más, como si fuera ya parte de mi rutina de estudiante e inmigrante (que ya todos conocéis bien), me encontraba en la disyuntiva de volver a la patria o permanecer como la guerrera (¿terca?) que soy y pese a la adversidad y la inestabilidad.

Una vez más he confiado en lo que el destino quiere para mí y como por arte de magia, en el mismo día, a la misma hora, se me ha resuelto el caminado. Por una parte, he sido la feliz acreedora de una beca de tiempo completo en la Fundación, donde cada día soy más feliz, no solo por el maravilloso equipo de colaboradores y compañeros, sino por las grandes cosas que se pueden hacer con pequeños esfuerzos en el día a día.

Por otra parte, me han renovado mi consultoría en comunicación, que ya se daba por “perdida” debido al despido de mi entonces jefe, pero que al final de cuentas tendré por una temporada más, con nuevo jefe incluido y esta vez, parece que sí han de exprimir lo mejor (y lo peor) de mí, a juzgar por el par de primeras semanas que me han dado. Así las cosas, el panorama se ha enderezado por un año más y por ende, he podido comenzar a organizar mejor mi vida, mi tiempo y mis finanzas.

Una consecuencia de ello es que la hija pródiga vuelve a casa. En aproximadamente veinte días arribaré a tierras colombianas cargada de muchas ganas de verles, de oler la casita, de abrazar a mis padres y abuelos, de ver a los más peques, de compartir con tantos amigos, de retomar, aunque sea por muy poco, todo aquello que tanto echo de menos. También de hacerme el rutinario chequeo médico anual, que constará de algo así como 17 visitas a galenos y, durante la Semana Santa, estaré de paseo con la familia, retomando algo de ese tiempo que nos hemos perdido, y por qué no, dándome un poco de descanso que nada mal me viene.

Y la felicidad no me cabe en el pecho. No solo por la hinchazón estomacal, sino porque no puedo dejar de contar las horas para poder escuchar el “Iberia le da la bienvenida al Aeropuerto Internacional El Dorado de la ciudad de Bogotá…” y así, recargarme de nuevo para volver a otra gran temporada en esta travesía ibérica, acompañada de mis grandes hallazgos, de tantos angelitos, que han hecho de este camino, una completa gozada.

Me han llamado de dos empresas más, pero ya me he decidido. Para este punto, no me importa trabajar veinte horas al día si es necesario, comer a ratos, ir a por cañas y terminar de fiesta, dormir mucho o dormir poco. Al fin y al cabo, como lo vemos en cada noticia, la vida es muy corta y todos somos cobijados por la tan democrática vulnerabilidad, pues nunca sabemos qué puede pasar mañana. Solo nos queda disfrutar el ahora. Y mi ahora incluye una vida que me hace feliz en España y un mañana que me llenará de grandes momentos y me recargará de buenas energías en Colombia. Por lo pronto, sigo con mi conteo regresivo.

Madrid, 27 de febrero de 2010

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