sábado, 5 de junio de 2010

XLVI: LOS 30 DEL 30

Emoción. No daba un peso por este día que llegó entre miles de cambios que me corrieron el butaco y me descentraron en la organización de mis planes celebratorios macabros, de mi tan anhelada despedida de soltera; pues ahora sí, oficialmente, pasaba de soltera a solterona. Emoción, digo, porque pese a tener una mala coyuntura todo el cariño recibido me ayudó a superar la terrible prueba de cumplir finalmente estos 30 años que me empujo ahora entre pecho y espalda y a los que llego sin haber cumplido ni la mitad de lo que de pequeña había programado. Qué lejos se veían venir…

Las celebraciones, como es ya bien sabido para quienes siguen estas letras, comenzaron con el arribo a la capital colombiana en un despliegue sorpresa que coordinaron mis padres con la confabulación de familia y amigos. Qué gran noche y qué felicidad haberla compartido con todos en mi casita de Bogotá.

La vuelta a Madrid no fue del todo fácil y esos días posteriores tiñeron mi espíritu aventurero de mamitis y papitis crónica. Poco a poco esta personalidad de niñita consentida fue cediendo y con los primeros pinitos primaverales logré levantar cabeza.

El inminente fin de mi beca en la Fundación aunó motivos para cerrar el chiringuito en esta Madre Patria que tan bien me ha tratado, pero el ingenio y las ganas de continuar hasta el final me llevaron a continuar pujando. Al sol de hoy, no voy allí, pero únicamente hasta que salga la autorización de trabajo que me han comenzado a tramitar esta semana, motivo de la paridera de días atrás, de espera en los próximos y seguramente de felicidad en unos cuantos más.

Así las cosas, tuve una semana de amplia libertad y movimiento, con algunas visitas del extranjero, con las que terminé turistiando por Madrid, de paseo por Toledo y conociendo la Plaza de Toros de Las Ventas, en una corrida que me dejará altamente traumatizada de por vida, aunque no tanto como para no seguir disfrutando de un delicioso entrecot de cuando en cuando.

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Es sábado en la mañana, 29 de mayo. Hoy comienza la celebración madrileña de mi cumple pero solo me apetece meterme en un hueco y desaparecer. Salgo a la calle a darme ánimo, pero el calor puede con mi alma y con mis pies hinchados. En la noche alisto mi mejor cara y me pongo los morros colorados para disimular las ojeras de un par de semanas sin sueño. Ha venido Ers desde Pamplona para acompañarme y la maquinaria parece ajustarse con quienes pudieron y quisieron estar conmigo esta noche. Salgo al mundo y el mundo me sorprende. Nada programado, todo improvisado, pero a veces así es mejor. El desfile de amigos y amigas que pasan aunque sea 15 minutos a saludarme me hace más que feliz. Pasamos de un garito a otro, se pierden almas, se ganan otras. Me la paso bien, a mi bola, rodeada siempre de gente que quiero. Se bebe, se baila. Fiesta y más fiesta. Son las siete de la mañana y ya es hora de irse a dormir.

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Es domingo, 30 de mayo y son las 11am. Apenas he dormido unas cuantas horas pero hoy, es oficialmente mi cumple. Quiero salir, quiero tomarme Madrid como si no hubiera día alguno más allá. Aún llevo los rezagos del día anterio (¿horas?). Vamos al parque El Retiro y encontramos la Feria del Libro de Madrid cerrada. Deseosos y deshidratados vamos a tirarnos en el césped cuan largos somos. Descansamos. Recibo las primeras llamadas del día. Padres, abuelos, tíos. Un par de compritas de última hora por la Gran Vía, mientras hacemos tiempo para ir a La Latina, destino final de celebración cumpleañera. Llaman los amigos de siempre y ahí estoy yo, cada vez más emocionada. El teléfono no para. Buzón, cobertura, llamadas. Ya en La Latina, en un garito escogido al azar y que resultó ser atendido por solo colombianos, sale el chef y nos saluda. Camufla su acento con el arrastrado de las “s”. Es paisa, de Medellín, lo descubrimos cuando nos ofrece un “chupito” (shot) de “guarito” (aguardiente). Nos alegra la tarde con sus historias.

Vamos a una taquería, a remojarle los antojos del terruño a Ers y a pasar los calores de la tarde con unas micheladas. Salimos andando hacia los Jardines de Sabatini, al lado del Palacio Real, y allí nos tiramos a ver el atardecer a eso de las nueve de la tarde pasadas. Qué lujo. Más llamadas, mensajes, buzones de voz. Chistes, charlas y un paisaje estupendo en grata compañía. He hablado con cada rincón del mundo en el que me he dejado un trocito de corazón y me alegra ser recordada, tener tanta gente a mi lado. Tan cerca, pero tan lejos.Son las tres de la mañana y ya hemos pasado por cuanto bar estaba abierto. No puedo con mi alma. Nos vamos a dormir.

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Lunes de emoción y resacón. Estos años no me dan ya para tanto. Atrás han quedado las largas maratones de juerga por ahí. No creo que pueda sobrellevarlo siquiera por un par de días. Me rindo a la fanfarria y cedo de rodillas ante la adultez. Al fin y al cabo, ya en mi cuarto piso debería sentar cabeza….

-¡qué va!...¡eso no me lo creo ni yo! ;D

Lunes de emoción y felicidad. Me han hecho muy feliz. No tengo para agradecer tanto y tanto que siempre me dan, sin yo merecer ni media pizca. Y ahora, bienvenida sea la década de la EMOCIÓN. Porque todo esto, damas y caballeros, ¡apenas comienza!

Madrid, 1º de junio de 2010

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