Arteixo, 15 de junio de 2008
MI RICHI REY
Manifestación pública del Día del Padre
Querido Papito,
Esta es mi manifestación pública de cuánto te quiero. Así lo debo hacer, pues, aunque para el Día de la Madre conseguí unas festivas tarjetas y me apañé para enviarlas a tiempo, el Día del Padre a este lado del charco lo celebran el 19 de marzo, día que, como tu bien lo sabes, también es el de tu santo. Hasta saberlo, no había caído en la cuenta que tiene más sentido que así sea. Obvio, es el día de San José, padre putativo de Jesús, y con esta crianza judeocristiana, pues tiene mucha más lógica que sea así.
Total, chatito querido, no hay una pinche tarjeta en todo Coruña, las postales son algo ochenteras y el correo es incierto, motivos por los cuales, me provocó escribirte algunas palabras, que al igual que cualquier tarjeta, tienen mucho sentimiento y mucho corazón, pero con la ventaja de que este mensaje es realmente personalizado.
Todo el día traté de volver a la infancia y recordar esos pocos momentos que puede todo adulto tener en su mente sobre sus días de niño. Veo a un señor grandote, que siempre vestía de corbata, que desayunaba conmigo y cenaba con cara de cansancio acumulado del día. Veo unas manos rápidas que corrían de un número a otro en esa calculadora de economista que aún conservas a pesar de tantas veces que te insistí para que usaras el Excel. Veo el día que me despertaron con la feliz noticia de volverte a ver después de tanto tiempo de no tenerte a nuestro lado por culpa de esos infelices y esa imagen que tanto miedo me dio, al no reconocerte de primer momento, barbudo y con ojeras, con 30 kilos menos, pero que a segunda vista, reconocí de inmediato con esa mirada que me daba la confianza del hombre que más me quiere y me ha querido en el mundo.
Veo ese ser que nos llevaba de paseo en sus coches último modelo. Veo al papilo que siempre me dio todo lo que necesitaba y más, sin tener que pedirlo. Veo a ese hombre que me llevaba a mi cama cuando me quedaba dormida en la suya, aún cuando ya pesaba más que él. Veo al que me cargó hasta el baño a devolver las atenciones de mi primera gran borrachera y al que luego me prometería cielo y tierra con tal de no verme llorar más en medio del pedonón, y mejor aún, el que así me lo daría. Veo a un ser risueño que siempre atiende a la gente con la sonrisa de lado a lado; a la persona amplia y generosa que siempre has sido. Te veo a ti, mi papá y sé que nunca hubiera querido tener otro papilo que no fueras tú.
Veo unas manos gigantes que me daban pavor porque solo una, era suficiente para castigar todo mi trasero cuando me comportaba mal. Aunque la marca roja durara varios días, esas palmadotas ya no me importan porque sé que, mal que bien, han hecho de mí la persona que soy hoy. Valoro el amor de las personas, valoro mi vida, valoro lo que tengo y puedo saber que puedo llegar a tener lo que aún no tengo. Sé de sobra que puedo estar al otro lado del charco y que siempre, siempre, voy a poder contar contigo. Para bien y para mal. Y eso, papi, me hace muy feliz. Y eso es lo que has hecho de mí, junto con mi mamá: una persona muy feliz.
Recuerdo el día que te comenté, de la nada, que tenía la oportunidad de presentarme a hacer un máster en España. Tú, sin más explicaciones, me dijiste: ¡Hágale, si le sale, pues se va! Esto, para más de uno, sería una locura. Pero para tí, papilo, era una locura que compartirías conmigo, una locura de cómplices, de lo que somos tú y yo.
Y así fue, mi chato del alma. Yo sé, que para ti no ha sido fácil todo este desprendimiento. Dejar volar del nido a uno de tus polluelitos, con lo mucho que te gusta tenerlos bajo tu regazo. Te conozco tan bien que sé, que el haber aceptado dejarme ir significa muchos más para tí que para cualquiera. Y eso me hace pensar y reforzar lo grande que eres. Grande porque siempre das lo mejor de ti, porque trabajas como loco para darnos siempre lo mejor, porque eres justo y ecuánime, porque das alegría y cariño a los que te conocen. Porque por tí, más de uno ha salido adelante y porque, aunque no te parecieran mis decisiones, me dejabas cagarla cuantas veces fuera necesario para así aprender de mis errores.
Has estado presente cuando ha sido menester y te has mantenido al margen cuando así lo ameritaba. Me das libertad y me das responsabilidad. Soy tu cometa de esas metáforas que me dabas en charlas de padre a hija: no me has soltado tanto como para irme en el inmenso cielo, tampoco me has sostenido demasiado como para no volar.
Pero Papi, hoy vuelo. No vuelo sola, vuelo de tu mano y de la de mi mamá. Vuelo a otra altitud pero siempre en nuestra línea. En esa línea de amor, comprensión y responsabilidad que me has inculcado y que me hacen ser hoy lo que soy.
Te amo papito, te quiero abrazar muy fuerte, decirte cuánto te quiero y con el ojo encharcado, quiero que sepas cuánto te extraño y cuánto quisiera demostrarte todo lo que significas para mí, todo lo feliz que me haces siempre y todo lo que te agradezco por haberme dado esta vida tan maravillosa que tengo. Doy gracias a Dios por dejarme disfrutar de tí en todo momento y porque nos mantiene juntos, en familia, felices, sanos y obvio, así de bellos.
Muchos besos y abrazos en tu día…
Tu hija, el jamón del sándwich, la del nombre mejor puesto, la Gallis,
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