domingo, 19 de julio de 2009

XXIX: Entre la indecisión y la predicción

ENTRE LA INDECISIÓN Y LA PREDICCIÓN
Crónica de Recolonización XXIX

Cuelgo el guayo y se lo dejo todo al sino. El destino tendrá que responder por mi futuro porque yo ya me he cansado de batallar. No muchos sabrán que desde comienzo de año estoy pedaleando por mi permanencia en “la empresa” después del fin del contrato, que será aproximadamente alrededor del 20 de septiembre. Ya les mencionaba algo por allá en abril, hace dos crónicas, sobre mi indecisión y la batalla mental que libro en mi día a día entre Bogotá y Madrid.

Para dicha fecha cumpliré un año en esta bella y acogedora ciudad que tanto me gusta y de la que no me quiero ir. Lastimosamente mi permanencia no es tan clara y pese a los múltiples intentos y vías para hacerles más fácil la decisión, situaciones como la crisis económica y el reciente expediente de regulación de empleo –ERE- con el que se despidió a casi 300 personas, no me dan muchas alternativas y más bien me cortan toda esperanza. Y es que, como bien sabrán, las cosas no están muy fáciles ni por aquí, ni por allá.

Ante la posibilidad de quedarme como becaria, busqué opciones de estudio que me permitieran aprovechar mi tiempo y también, conseguir ese convenio educativo entre la universidad y la empresa, que me permitiría alargar mi estancia. La opción, teniendo ya la maestría, era optar por un doctorado. Y así lo hice. Encontré uno que parece ser la continuación de mi área de estudio, la comunicación política y corporativa, y tras enviar mi CV recibí una llamada el mismo día para entrevistarme esa tarde.

Así lo hice y de inmediato fui aceptada, sin pasar por el penoso proceso de contactar profesor, presentar un anteproyecto y mil historias más. Con el nuevo convenio de Boloña que entra en vigor para la educación en la Unión Europea, los doctorados se hacen en aproximadamente tres años: en el primero, se estudia un máster oficial, en el segundo se ven las materias del doctorado y el tercero, la tesis. Como ya tengo el máster, me homologaban y entraba directamente al segundo ciclo y la tesis, ese horror que juré no volver a hacer nunca, puede hacerse hasta en 5 años, tiempo que depende exclusivamente de las decisiones y actuaciones del estudiante.

Así las cosas, el tema se veía muy bien porque al menos podría justificar dos años más de estancia y cómo no, estudiar algo que me gusta y que a futuro me permitirá dar clases en grandes universidades y preparar a la gente en temas que no se dan mucho por allí. Pero claro, como no todo es perfecto, estaba el pequeño problema de pagar la matrícula.

Insistí en mi incapacidad económica de asumir ese pago y así, saltaron vías varias: canjes publicitarios, mecenazgos, préstamos. Nada de nada. Ninguna opción era viable o lo suficientemente atractiva. Las becas para latinoamericanos se solicitan desde el país de origen y en el caso de doctorado, tienen que ir avaladas por una universidad local, además, en casi todas, exigen volver al terruño sí ó sí, y garantizar cierta permanencia; las becas en España son, salvo una cuya convocatoria abre en diciembre, exclusivamente para nacionales o ciudadanos de países de la Unión Europea y aunque jugosas, no permiten la compatibilidad con otras becas, que a su vez, sería el formato mediante el cual me quedaría en “la empresa”. Así que: ¡JODIDA!

Lo que tengo muy claro es que no tomaré préstamos para quedarme. Ya bastante he tenido que invertir, de la mano de mis mecenas, para poder quedarme este tiempo, porque, queridos y queridas, esto no ha sido fácil, así las fotos del facebook digan todo lo contrario. No he tenido grandes falencias, solo reinversiones en mis preferencias. Pero eso, por supuesto, tiene su precio.

He aprendido a vivir con poco y ser feliz. He aprendido a no dejarme apurar por temas de los que no me puedo responsabilizar. He podido entender que la vida nos da lo nuestro en el momento justo y solo juega con nosotros y nuestra cabeza para ayudarnos a que nos conozcamos mejor.

Estuve unas cuantas semanas muy estresada pensando, buscando, corriendo más que pobre buscando beca, dicho que me encantaba decir hacía unos años y que ahora me parece bastante cruel. Ahora, de un par de semanas para acá, mi actitud ha cambiado. Sé que la vida me pondrá donde debo estar y que aquí o allá podré ser feliz con lo que tenga, sea mucho, poco o diferente. Me han salido un par de opciones laborales para complementar mis jornadas: traducciones que hago en mis largas noches y algo para agosto en las tardes de mi jornada reducida. Ya veremos qué aparece de más y si sobrellevo esta vida un día a la vez, pues cuanto más tiempo pasa, más siento que se me acorta esa etapa que tan feliz me ha hecho. ¡Qué miedito!

Quedan algunas puertas abiertas y tal cual sucede en los partidos de fútbol, esto no se termina hasta que suena el pitazo final. Para septiembre, ya con la presión del tiempo, podré definir mejor internamente mi situación y confirmar mis sospechas o abrazar mis ilusiones. Ya les comentaré, oportunamente y por este regio medio, cualquiera que sea la resolución de mis planes de ordenamiento a un año y por lo tanto, los conmino a no hacerse ilusiones con mi llegada a comienzos de octubre ni a llorar mi eterna permanencia en la tierra de las cañas y las tapas. No, aún no.

Mientras tanto, sigo frente a este ventanal, abierto de par en par, recibiendo una tímida brisita estival, con mi tintico de verano en la mano y con las crecientes ganas de verlos pronto y darles noticias, ni malas ni buenas, solo noticias, que arrasen mi indecisión y dejen de lado tanta predicción. ¡A por ello!

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