Madrid, noviembre de 2008- Otoño
EN LA CAPITAL DE LA MADRE PATRIA
XXI Crónica de Recolonización
En el capítulo anterior de estas Crónicas de Recolonización, último de la primera temporada, quedamos en que me habían llamado de una empresa de comunicaciones en Madrid. Quedamos que les escribiría pronto comentándoles un poco de mi triunfo en la capital y de mis visiones sobre los cambios que se suscitarían a raíz de tomar la decisión de quedarme.
Pocas veces en este tiempo que ha transcurrido he tenido la inspiración suficiente para sentarme y escribir sobre mi vida. Ni inspiración, ni tiempo. Tal vez, y para mi pesar, me he perdido de más de una buena historia que valga la pena y que por mi memoria de pollo, ya no tendré tampoco en mi haber de lecturas para los años de retiro, que para este punto quisiera que llegaran antes de lo esperado.
La movida ha sido máxima. El cambio de vida que implica pasar de Nemocón, Sutatausa y Titiribí a Nueva York podría evidenciar lo que ha significado para mi dejar atrás un año de pequeñas ciudades para por fin, enfrentarme a la capital española.
El domingo 21 de septiembre tomé la A6 para llegar a Madrid tras seis horas de volante y pedal. La empaquetada de artículos varios me dejaba en conciencia de todos los haberes que ya tengo en esta tierra y que ni de coña me hubieran cabido en mis dos maleticas verdes samsonite de tapa dura que no permiten más peso ni volumen del ya estipulado por sus diseñadores.
Llegué de nuevo a casa de Rosse y Ricardo y allí, en el odioso sofá, pasé mis primeras tres noches. La situación de vivienda se me solucionó al descubrir que justo en la zona donde quería alquilar, en Avenida América para los más conocedores de la capital española, la abuela de una amiga tenía un piso a la venta. Así las cosas, se acordó uno que otro detalle y se procedió al trasteo en costal y taxi. El piso estaba como una tacita de té, pues nuestra amiga había estado día y noche limpiándolo y poniéndolo bello.
La verdad, fue una ganga, porque por un módico precio, tengo el piso, los servicios y a la Loli, la amable señora del aseo, que va una o dos veces por semana. Eso, como era de esperarse, me permitía cumplir con el ajustado presupuesto al que debía, y día a día, debo acomodarme. Y con mis antojos, créanme, no es tan fácil.
La nueva empresa entra a mi vida y a mi currículum un lunes 22 de septiembre. Las instalaciones, a las afueras de Madrid, rumbo al aeropuerto, dan cabida al poder mediático se mueve en cabeceras nacionales, regionales, muchas líderes en su zona, portales de Internet, que ya suman más de 20 millones de usuarios únicos; productoras y distribuidoras de cine y televisión y las emisoras radiales, que con las imprentas, distribuidoras y comercializadoras, congregan a más de 120 empresas y lo hacen constituirse como uno de los grupos multimedia líderes de España. (Publicidad política no pagada)
La gente es muy amable, todos me saludan con esa inquietud no muy oculta de quererlo saber todo de mi. Extranjeros no somos mucho y eso nos hace un poco más interesantes. El acento, los dichos, el acercamiento. Me sorprende nuevamente mi capacidad de adaptación y de no sentirme nerviosa/ansiosa pese a ser mi primer día. Cambios los nervios por felicidad. Con las antenas abiertas a todos y la firme intención de aprenderme bien los nombres, aprendo paso a paso todo lo que se me viene encima.
Mi instructora por la semana y quien dejaba el cargo que ahora asumía, se portó como un sol de verano. Ella había hecho mi mismo máster un año antes que yo y de ahí que solo buscaran a alguien con la misma formación. Con la paciencia del mundo se detuvo palmo a palo a darme las explicaciones pertinentes. Mi jefe, con su sonrisa de lado a lado supervisaba mi entrenamiento desde lejos, pero siempre, haciéndome sentir muy bien.
Esa semana fue de "entrenamiento" pues tenía que ajustarme a los procesos del diario vivir, a más de asimilar las necesidades de nuestros públicos más cercanos y el mensaje que como corporativo queremos brindar. El viernes remató con la convivencia corporativa, de la que ya habrán visto fotos (http://www.facebook.com/album.php?aid=63511&l=4db99&id=689892145 ) y donde me pude integrar mejor con toda la oficina. Como al rifa, el juego y la recocha casi no es lo mío, no me costó mucho trabajo. Estrené reloj, sombrero, toalla y otras cosillas. Además, al tomar las fotos oficiales del evento, conocí y me conocieron.
Este trabajo me gusta, me da alas, me hace feliz. Encontrar finalmente lo que a uno le gusta hacer de la vida, tras mucho andar, es bastante gratificante. Conforme están las cosas con la economía mundial y demás cuitas de migraciones, me siento más que afortunada. Y obvio, bendecida. Mi jefe recientemente me dijo que estaba muy feliz conmigo porque le hacía el trabajo de tres personas y siempre estaba al tanto de todo. Aunque mi contrato sería por tres meses de prueba prorrogables, pasadas dos semanas firmé contrato por un año. No se asusten, puedo irme cuando quiera. Pero he ingresado con una beca de la universidad que luego me hará también acreedora de un título de uno de los programas para jóvenes profesionales. El jefe me ha dicho que a futuro, podríamos hablar de contratos y varios, al culminar con la beca. Pero eso será otra historia a su debido tiempo.
De a poquitos me abro un espacio y trato de sobresalir. Obvio, si no se dejan marcas, nunca se estuvo. Paso mis días de la casa al trabajo y viceversa. Salgo de fiestita cuando se puede o se quiere (día de por medio o así). Con mis chicas del máster encontramos el bar que todo adulto debe tener cerca de casa y ya tenemos gavilla rumbera privilegiada, con los levantes, tinieblas y pioresnadas de turno. Conozco gente de todos los lugares del mundo y hago amigos fácilmente, pues al fin y al cabo muchos están en mi mismo plan. Atrás ha quedado la huraña que se estaba gestando en las tierras del norte. Ahora sí me apetece salir, me gusta la ciudad, me siento en completo éxtasis social y cultural. Esta ciudad nunca duerme.
Cada palmo de Madrid tiene su encanto y he aprendido a quererla como mi nuevo lugar de residencia. Así tendrá que ser, al menos por un buen tiempo. Descubro historia, hago historia. Cuento y escribo mi propia historia, como lo hago ahora para ustedes. Me encanta también tener más gente conocida en mi entorno y saber que estoy más conectada en todos los sentidos.
Mis abuelos, tias y prole vendrán a visitarme para Navidad (sí, claro, me pueden enviar regalos, pero para que no se compliquen, se aceptan euros...jejeje). La noticia casi me parte de la felicidad y ahora, sentiré la tierrita un poco más cerca. Me harán falta mis padres que no vendrán, pero con los representantes tendré de sobra. La idea es ir con ellos a Barcelona y luego pasar año nuevo en París. No tendré vacaciones, pero algunos días sí me pillaré.
Dentro de pocos días cumpliré dos meses en Madrid. El tiempo es efímero si se tiene en cuenta todo lo que se hace en un día, en una semana, en un mes, en un año. En la vida entera. Y no me pongo más filosófica porque tampoco sería el ánimo de este momento. Pero cada día tengo más claro que en la vida hay que aprender a ser feliz con lo que se tiene y aprovechar cada minuto al máximo, porque lo bueno no se repite tantas veces. Sé que he estado un poco perdida y desconectada del mundo virtual, pero además de disculparme, espero haber podido explicarles aunque sea un poco en lo que se ha convertido mi vida y que compartan conmigo cuán feliz me siento.
Los quiero, los extraño, pero los llevo siempre en mi corazón y así, su ausencia se hace menos difícil.
Abrazos y besos,
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