domingo, 19 de julio de 2009

XXVIII: Tres grandes visitas cortas

TRES GRANDES VISITAS CORTAS
Crónicas de Recolonización XXVIII


Ha llegado la temporada estival y con ella, los viajeros que ven su paso como obligatorio por Madrid. Obligatorio no porque sean pocas las alternativas de puertos de entrada al viejo continente, sino por el pavor que les produzco y la inminente posibilidad a que les condene al fuego eterno por cruzar a este lado del charco y no dar señales de vida. Eso aplica para tod@s.

Por allá por mayo, lejano mes, tuve una gran primera confirmación. Sara, bella ella, venía de una misión proveniente de El Cairo y tras un par de buenos argumentos, del corte “si no vienes te mato”, optó por pasar una semana en compañía de sus servidora. Justo llegó para el día de mi cumpleaños número 29. Sí señoras y señores, esta belleza celebró los últimos de la década recientemente. A propósito, que sepan, para el número 30 pienso hacer una despedida de soltera: sí, me despido de soltera y paso a solterona, ese bello estatus que mi padre adorado me recuerda siempre.

En el corre-corre del día, con llamadas una tras otra, con tantas y tantas manifestaciones de afecto por todos los medios y pese a llegar tarde al aeropuerto, logré recibir a la reina. Muy atareada llegó ella, con un par de paquetes, uno de los cuales era mío, pues a mi padre se le ocurrió la grandiosa idea de llegar unos minutos antes de su partida al aeropuerto, a empaquetarle varias cosas de “la niña”. Algo de contrabando alimentario (y cabe recordar que la lechona en lata se perdió misteriosamente por el camino), algunas pertenencias olvidadas en mi paso por Semana Santa (no es divertido dejar todos los zapatos debajo de la cama y la bolsita de la ropa interior) y cómo no, uno que otro encarguito farmacéutico. Cosas de primera necesidad que ocuparon el 40% de su equipaje.

Desempacamos y salimos a la conquista del mundo. Días y noches transcurrieron entre salidas, paseos, turismo, cenas y fiestas. Aprovechamos, para visitar la Feria del Libro de Madrid, conocer el parque El Retiro y terminar perdidas por los bares de Chueca y Fuencarral con amigos del gremio editorial. Ella dormía mientras yo salía a trabajar (qué envidia) y en la tarde, salíamos a dar la vuelta, a buscar todo lo que esta ciudad tiene por ofrecer. Y creo que lo encontramos. La pasamos bombi, no lo puedo negar, pero lo que más me gustó de tener a Sari fue poder conversar largo y tendido sobre nuestra vida, nuestras familias, nuestras concepciones y proyectos.

Algunos días después llegó mi adorado Juandaví. Llevaba más de un año rogándole para que me visitara y solo en junio se me hizo el milagrito. Llegó mi querido Olafito el miércoles 10 de junio a las 3 de la tarde. Un poco de charla, chisme va, chisme viene y a por Madrid. Él, que es tan popular, tenía una agenda copada de amistades varias con las que ya había quedado para tomar algo. Así que nos la pasamos siempre muy bien acompañados, con personajes que no veíamos hacía mucho tiempo y conociendo lugares maravillosos a los que nunca había ido. Y es que, sí señores, mi condición de estudiante inmigrante, sumada a las condiciones del invierno, tampoco me habían permitido disfrutar de una ciudad que no deja de sorprenderme y de dejarme con esa sensación de turista permanente.

El fin de semana nos fuimos a Lisboa, pues había pillado algunos días antes una muy buena promoción imposible de resistir. Era mi regalo de cumpleaños y aprovechando que venía uno de mis compis de viaje favorito, pues por qué no. Salimos el viernes en la mañana y volvimos el lunes en la tarde. Justo coincidimos con la celebración de las fiestas de San Antonio, patrono de Lisboa, y pudimos turistear de día y gozarla a tope de noche.



El domingo tomamos un tren hacia Sintra, una ciudad cercana, llena de castillos, palacios e historia. Juan me obligó a escalar todo el día y llegamos a tocar la cima del cielo desde uno de esos míticos castillos. La pasamos genial, volvimos al hotel muertos y la intentona de fiesta se vio frustrada ante la imperiosa necesidad de ver Oprah y cuanto reality gringo trasmitieron a posteriori. Exceso de caipirinhas, ampollas en los pies y algo de cansancio acumulado de días de juerga nos dejaron agotados pero con la sonrisa del buen negocio.



De vuelta a la capi, intentamos aprovechar nuestro tiempo y organizarnos de la mejor manera para coordinar nuestro tiempos y vernos lo máximo posible. Salimos todos los días, una caña, una tapa. Algo de fiesta. El pobre hombre no se podrá quejar. Llegó el fatídico lunes veintitantos y se fue en la madrugada dejando su estela fiestera y sus jamones en mi nevera.

Pasaron otros días más y recibí feliz la llegada de alias YeiYei, amigo de viejas luchas, del combo de esos con los que uno puede contar siempre. Venía procedente de Italia, donde estaba de visita para ver a sus hermanas y donde se había visto con Aivan para hacer el famoso Giro de Italia. Qué peligro ese par sueltos por la bota, en vespa y sin camiseta. Madrid sería su último escenario a este lado del océano Atlántico antes de volver a la querida Patria. Para nuestra sorpresa, ese fin de semana se llevaban a cabo las celebraciones del día del orgullo gay y claro, la capital estaba a reventar. Nos están colonizando, y lo peor, se llevan a los más guapos ; )



“No desfilamos, nos manifestamos”, decía la enardecida marea humana que a pesar del calor veraniego, bailaba al ritmo de la música de fondo y vitoreaba a cada caravana que terminaba felizmente su recorrido en Plaza España después de cruzar por completo la Gran Vía madrileña. Dejamos de lado a las multitudes y volvimos al turisteo céntrico para terminar de darle la vuelta a nuestra querida visita. Digo nuestra porque este día nos acompañaron algunas buenas amigas de la familia de Yei, y otros amigos en común.

La noche terminó con un incidente algo incómodo (una mierda) pues a Yei le sacaron la billetera del pantalón en dos segundos y apenas lo sintió. El problema real, pese a la pérdida misma, era su documentación pues viajaba pocas horas después. Dormimos solo un par de horas y procedimos a solicitar el denuncio por teléfono y a recogerlo antes del vuelo. Un buen abrazo y un hasta luego. Qué bueno haberle visto así de bien y redescubrirlo después de tanto tiempo.

Tres grandes amigos de toda la vida. Tres grandes visitas. Tres grandes reencuentros. Tres grandes despedidas con la promesa de un “hasta pronto”. Gracias por venir a conocer mi mundo y a darme esos abrazos que solo se pueden dar a esos con los que se ha compartido más de un pensamiento, más de un dolor, muchas alegrías, sentimientos, y en nuestro caso, también cañas, tapas, whisky y ron. Mi casa, es su casa. No importa dónde. Ya lo sabéis, joder, tios!


Madrid, 11 de julio de 2009

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